segunda-feira, 10 de maio de 2010

Una Nueva Realidad

Los primeros días fueron de adaptación pues vivia con Vinícius, un tipo de veintisiete años, tatuado, con dos hijos -uno de cada mujer-, sin trabajo, adicto a la marihuana y enamorado de una muchacha de dieciocho años (Luana); y su papá, Cláudio, un alcohólico, socialista, que "trabajaba" en la política, tenia varias mujeres, un bar y le iba al Corinthians. Todos en el mismo cuarto.

He ahi mi nueva realidad. Pero estoy siendo muy rata, al final ellos fueron quienes abriron las puertas de su casa para recibirme. Vinícius y Luana peleaban mucho, un dia tras otro y las peleas eran cada vez más fuertes, incluyendo puños. Entonces me sentí medio incomodado porque Cláudio ya estaba sintiendo que su casa no era de él, tenía un gringo en su cuarto y una muchacha peleando todo el tiempo con su hijo.

Además, yo también estaba cansado de despertarme viajando por culpa de la marihuana, ya que las sesiones comenzaban a las 8:30am y no terminaban sino hasta las 11:00pm. También me daba miedo que el Corinthians perdiera, porque Cláudio llegaba en casa borracho y con el equipo perdido, era una pésima idea, no hay nada peor que un corinthiano resentido, destruyen la ciudad entera sólo porque ellos son arrechos, tenia miedo de que quisiera pelear conmigo.

Me fui sintiendo más incomodado y le dije a Leandro para salir de alli. Fátima, la tia de Leandro y vecina de él, había ofrecido su casa para mudarme. Después de dos semanas en la casa de Vinícius, salí de allá y me mudé para la casa de Fátima.

Uma Nova Realidade

Os primeiros dias foram de adaptação pois morava com o Vinícius, que era um cara de vinte e sete anos, tatuado, com dois filhos -um de cada mulher-, sem trabalho, viciado em maconha e apaixonado por uma menina de dezoito anos (a Luana); e o pai dele, Cláudio, um alcoólatra, socialista, que "trabalhava" na política, tinha várias namoradas, um bar, e torcia para o Corinthians. Todos num mesmo quarto.

Eis a minha nova realidade. Mas estou sendo muito ruim, afinal foram eles os que abriram as portas da sua casa para eu ficar. O Vinícius e a Luana brigavam muito, dia após dia, e as brigas eram fortes. Então fiquei meio desconfortável pois o Cláudio já estava sentindo que a casa não era mais dele, tinha um gringo no seu quarto e uma menina brigando com o seu filho o tempo todo.

Aliás, eu também estava cansado de acordar chapado todos os dias por causa da maconha, pois as sessões começavam as 8h30 e acabavam por volta das 23h. Também ficava com medo de o Corinthians perder, pois o Cláudio chegava em casa bêbado e com o time perdendo, tinha medo de ele querer bater em mim.

Fui me sentindo mais desconfortável e falei para o Leandro para eu sair de lá. A Fátima, tia do Leandro e vizinha dele, oferecera a casa dela para eu mudar-me. Depois de duas semanas na casa do Vinícius, saí de lá e mudei-me para a casa da Fátima.

Jundiaí, Cidade da Lokura (Español)


Yo vine para vivir en São Paulo, pero los primeros días viví en Jundiaí, una ciudad del interior del estado, bien tranquila, discreta y con mucho verde para mirar. En fin, una ciudad que contrasta con la megalópolis que es Sampa. Sin embargo, fue la ciudad que me recibió.

Al llegar fui recibido por los padres de Leandro, descendientes de italianos que trabajaron mucho para tener lo que tienen y que ahora pueden aprovechar de tener una vida óptima con una familia bien establecida. Además de Leandro, también me estaba esperando Rodrigo, con quien también había hecho amistad por internet gracias a Lê.

Me avisaron esa noche que me iba a quedar en la casa de Vinícius -cuñado de Lê- y no en la casa de la abuela, pero bueno lo que yo necesitaba era un lugar para quedarme mientras encontraba otro fijo. "Dónde está el gringo?", fueron las primeras palabras que escuché de Vinícius.

Llegué a su casa con mucho sueño, pues no habia dormido nada durante el vuelo, entonces me bañé y me acosté en el colchón para dormir. La casa era medio extraña, porque era un local comercial que de repente se volvió casa, lo más cómico de eso es que tenía dos puertas de entrada, una al lado de la otra separadas por una columna.

Para no molestar tanto, coloqué el colchón en uno de los espacios vacíos de la casa y no en el cuarto de Vinícius y su papá. Finalmente dormi una o dos horas, cuando Vinícius llegó a la casa, diciendo que no era hora de dormir y que teníamos que salir a dar una vuelta para conocer la ciudad. Chevere, estaba siendo amable con el gringo.

No me dejó cambiarme de ropa, así que salí a la calle en pijama, al final solamente íbamos al supermercado a comprar unas cosas para llevarle a su cuñada. Cuando estaba en el carro me enteré que la casa de la cuñada quedaba en una favela, Jardim São Camilo, la única que existe en Jundiaí. Para mí era super fino ver esa realidad de la cual soy distante y que también existe en mi país.

Llegamos a la favela, un lugar tranquilo, demasiado, incluso; y con la típica arquitectura de las favelas latinoamericanas, construcciones sencillas hechas unas encima de otras en terrenos irregulares. Allá nos recibió la cuñada de Vinícius, con un bebé en los brazos de unos diez dias de nacido y otro de 3 años. La puerta y las ventanas de la casa estaban forcejeadas: "fue la policía, buscando droga", dijo Vinícius.

En medio de mi ignorancia, comencé a oir un agua correr, pregunté: "hay un rio allá abajo?", Vinícius se rió y dijo: "No, es una cloaca, un rio de mierda", en ese momento me sentí como un idiota. Salimos de regreso para la casa y en el camino había una patrulla de la Policía Militar que nos paró. Minutos más tarde, estábamos Vinícius, Luana (hermana de Leandro) y yo con las manos apoyadas en la pared y las piernas abiertas, yo estaba en pijama. Demasiada información para mi primer dia en Brasil.

domingo, 9 de maio de 2010

Jundiaí, cidade da lokura

Eu vim morar em São Paulo, mas os meus primeiros dias morei em Jundiaí, uma cidade do interior do estado, bem sussa, discreta e com muito verde para olhar. Enfim, uma cidade que contrasta com a megalópolis que é Sampa, porém, foi a cidade que me recebeu.

Na minha chegada fui recebido pelos pais do Leandro, descendentes de italianos que trabalharam muito para ter o que têm, e que agora podem usufruir uma vida ótima com uma família bem constituída. Além do Leandro, também estava me esperando o Rodrigo, com quem também fizera amizade pela internet graças ao Lê.

Fui informado essa noite de que ia ficar na casa do Vinícius -cunhado do Lê- e não na casa da avó, mas tudo bem, o que eu precisava era um lugar para ficar enquanto achava outro fixo. "Cadê o gringo", foram as primeiras palavras que ouvi do Vinícius.

Cheguei na casa dele com muito sono, pois não dormira nada durante o vôo, então tomei banho e deitei no colchão para dormir. A casa era meio esquisita, porque era um local comercial que de repente virou casa, o mais engraçado disso é que tinha duas portas de entrada, uma ao lado da outra, separadas por uma coluna.

Para não incomodar tanto, coloquei o colchão em um dos espaços vazíos da casa e não no quarto do Vinícius e o pai dele. Finalmente dormi uma ou duas horas, quando o Vinícius chegou em casa, dizendo que não era hora de dormir e que a gente tinha que sair e dar uma volta para conhecer a cidade. Legal, ele estava sendo amável com o gringo.

Não me deixou trocar de roupa, então saí na rua de pijama, afinal a gente só ia ao mercado comprar algumas coisas para levar para a cunhada dele. Só quando estava no carro fiquei sabendo que a casa da cunhada ficava numa favela, o Jardim São Camilo, a única que existe em Jundiaí. Para mim era muito legal olhar para essa realidade da qual eu sou distante e que está presente no meu país também.

Chegamos na favela, um lugar tranquilo, até demais, e com a típica arquitetura das favelas latinoamericanas, construções simples feitas umas sobre outras em terrenos irregulares. Lá nos recebeu a cunhada do Vinícius, com uma criança no colo de uns dez dias e outra de três anos. A porta e as janelas da casa estavam estouradas: "foi a polícia, procurando droga", falou o Vi.

No meio da minha ignorância, comecei a ouvir uma água correndo, perguntei: "tem um rio lá embaixo?" o Vinícius riu e falou: "Não. É esgoto, um rio de merda", nesse momento senti-me como um idiota. Saímos de volta para casa e no caminho tinha uma viatura da Polícia Militar que nos parou. Minutos depois estávamos o Vi, a Luana (irmã do Leandro) e eu, com as mãos encostadas na parede, pernas separadas, eu, de pijama... muita informação para o meu primeiro dia no Brasil.

segunda-feira, 3 de maio de 2010

Bienvenido a Brasil

Hola, soy Manuel, soy venezolano y debo confesar que estoy enamorado de Brasil. África, Europa y América nunca convivieron tan bien juntas en un sólo lugar. La primera pregunta de mis conocidos brasileños sobre mi venida al gigante de suramérica siempre es: "¿Por qué Brasil?", y mi respuesta es fácil, porque Brasil es sinónimo de alegría.

Decidido a hacer un postgrado interesante, ya que soy comunicador social, ahorré una plata, hice mis maletas y me vine, no lo hice huyendo de la pésima situación política, económica y social que vive mi país, sino para preparame mejor profesionalmente y, claro, descansar del desorden y el mal humor característico de los venezolanos de esta nueva era.

El último domingo de septiembre y después de seis horas de viaje, el avión aterrizó en Guarulhos. "¿Qué hice?", pensé, pero ya era tarde, había llegado a São Paulo. Lo peor del asunto es que para los primeros días, había cuadrado para quedarme en la casa de la abuela de mi amigo Leandro, un chamo con el que había hecho amistad por internet hace unos cuatro años, arriesgado, ¿no?

Sin embargo, todo estaba hecho para salir perfectamente, y nuestro encuentro se dió tal y como lo habíamos preparado, a las ocho de la mañana en el balcón de informaciones del terminal rodoviario Tietê. Allí comenzó toda esta aventura que aún no tiene fecha prevista para su final. Lê llegó y me dijo: "¡Bienvenido a Brasil!"

Bem-vindo ao Brasil

Oi, sou o Manuel, sou venezuelano e devo confesar que estou apaixonado pelo Brasil. África, Europa e América nunca se deram tão bem juntas em um só lugar. A primeira pergunta dos meus conhecidos brasileiros sobre a minha vinda ao gigante da América do Sul sempre foi: "Por quê o Brasil?", e a resposta é fácil, porque o Brasil é sinônimo de alegria.

Decidido a fazer uma pós interessante, pois sou formado em Comunicação Social, juntei uma grana, arrumei as minhas malas e fui embora, não fugindo da péssima situação política, econômica e social que vive o meu país, e sim para me preparar melhor profissionalmente, e, lógico, dar uma descansada da bagunça e o mau humor do qual sofremos nós, venezuelanos, atualmente.

O último domingo de setembro e depois de seis horas de viagem, o avião pousou em Guarulhos. "O que eu fiz?", pensei, mas já era tarde, eu chegara em São Paulo. O pior de tudo isso é que para os primeiros dias, eu combinara de ficar na casa da avó do meu amigo Leandro, um cara com quem fiz amizade pela internet há uns quatro anos. Coragem, hein?

Porém, tudo estava feito para dar certo, e o nosso encontro ocorreu como estava marcado, às oito horas no balcão de informações do terminal rodoviário Tietê. Lá começou toda essa aventura que ainda não tem data prevista para o final. O Lê chegou e falou: "Bem-vindo ao Brasil!"