segunda-feira, 3 de maio de 2010

Bienvenido a Brasil

Hola, soy Manuel, soy venezolano y debo confesar que estoy enamorado de Brasil. África, Europa y América nunca convivieron tan bien juntas en un sólo lugar. La primera pregunta de mis conocidos brasileños sobre mi venida al gigante de suramérica siempre es: "¿Por qué Brasil?", y mi respuesta es fácil, porque Brasil es sinónimo de alegría.

Decidido a hacer un postgrado interesante, ya que soy comunicador social, ahorré una plata, hice mis maletas y me vine, no lo hice huyendo de la pésima situación política, económica y social que vive mi país, sino para preparame mejor profesionalmente y, claro, descansar del desorden y el mal humor característico de los venezolanos de esta nueva era.

El último domingo de septiembre y después de seis horas de viaje, el avión aterrizó en Guarulhos. "¿Qué hice?", pensé, pero ya era tarde, había llegado a São Paulo. Lo peor del asunto es que para los primeros días, había cuadrado para quedarme en la casa de la abuela de mi amigo Leandro, un chamo con el que había hecho amistad por internet hace unos cuatro años, arriesgado, ¿no?

Sin embargo, todo estaba hecho para salir perfectamente, y nuestro encuentro se dió tal y como lo habíamos preparado, a las ocho de la mañana en el balcón de informaciones del terminal rodoviario Tietê. Allí comenzó toda esta aventura que aún no tiene fecha prevista para su final. Lê llegó y me dijo: "¡Bienvenido a Brasil!"

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